Ondas de radio ¿o mensajes?

Publicado por JOAN EGEA BARBER en

Los astrónomos recientemente han descubierto extrañas e inexplicables ondas de radio que emergen desde el centro de nuestra galaxia, estas señales electromagnéticas desde el corazón de la Vía Láctea no se ajustan a ningún patrón de fuente emisora conocida ni comprendida actualmente.

Estas señales vibratorias poseen unas propiedades que se asemejan más a ondas artificiales que a ondas naturales, pues poseen una elevada polarización (oscila en una sola dirección) y un ancho de banda muy estrecho, características más propias de ondas artificiales que de ondas naturales.

Las antenas de las emisoras de radio y televisión creadas por el hombre con el propósito de transmitir a la Tierra, permanecen simultáneamente transmitiendo al universo. Estas ondas de radio emitidas escapan totalmente de la atmósfera de la Tierra y solo una porción insignificante llega a nuestros receptores de radio o televisión.

Una visualización detallada del espectro electromagnético de nuestro planeta nos revelaría que las ondas de radio representan, con diferencia, la fuga más significativa desde nuestro planeta al universo. Nuestra civilización, por tanto, podría ser detectada a distancias interestelares a causa o como resultado de nuestras emisiones de radio realizadas desde mediados del siglo pasado.

Las señales de las primeras transmisiones de televisión sobre el año 1920, continúan viajando a velocidad de la luz por el universo y se calcula que se encuentran a varios años luz. Un hipotético observador a una distancia de varios años luz de la Tierra, en la tercera estrella más cercana al Sol, estaría actualmente recibiendo señales de televisión emitidas en 1974.

El contenido, palabras e imágenes transmitidas resultarían muy difíciles de detectar, sin embargo, la onda portadora resultaría más fácil de ser interceptada. Porque la portadora es más energía, es la frecuencia que resuena, mientras que la señal del contenido es menos energía y más materia.

Las ondas de radio en su movimiento a velocidad de la luz son capaces de cubrir distancias inmensas, además son fáciles de producir y de detectar en distancias muy grandes, llegando a transportar su energía durante millones de años luz. Todas estas posibilidades que nos ofrecen las ondas electromagnéticas de radio, permiten convertirlas en una forma de comunicación sencilla, económica e inteligente, más allá de nuestra galaxia.

No sería seguro que unos hipotéticos seres más avanzados utilizasen ondas de radio para comunicarse, pero sí que sería muy probable. Científicamente podríamos afirmar que las ondas electromagnéticas serían las candidatas perfectas en el establecimiento de una hipotética comunicación con otros seres más avanzados y, de hecho, la ciencia y la tecnología actual gasta millones de dólares en emitir e intentar recibir señales de radio artificiales al espacio exterior.

A finales del siglo XIX Nikola Tesla creía que haber interceptado mensajes de radio de Marte. En 1977 Jerry Ehman, un astrónomo del radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio, encontró algo curioso mientras escaneaba los cielos en busca de transmisiones extraterrestres. El telescopio registró un pulso de ondas de radio de 72 segundos. Ehman rodeó los datos con un círculo y escribió "¡Guau!" en la lectura, dando a la señal su nombre. Los científicos han propuesto posibles fuentes, pero la señal sigue sin explicarse.

Lo realmente importante en esta Nueva Era consiste en saber descubrir los fenómenos electromagnéticos en algo tan grande como lo es nuestro universo, pero, sobre todo, en algo tan pequeño y a su vez tan grande como lo es el ser humano.

En el funcionamiento de nuestro mundo existe una total similitud entre lo enormemente grande y lo enormemente pequeño. Como es arriba es abajo; como es abajo, es arriba, afirma el principio de correspondencia de El Kybalion, enseñanza que data de la época del antiguo Egipto.

Investigadores europeos han demostrado que las células biológicas producen ondas de vibración en el mismo rango de radiofrecuencias en el que funciona un receptor de radio o un teléfono móvil.

Prácticamente todos los objetos astronómicos emiten vibraciones de radiofrecuencias, ondas de radio. También está demostrado que todo ser humano es una fuente emisora de electromagnetismo, ya que dentro de nuestro organismo hay iones en movimiento y estados de excitación molecular, por esta misma razón también somos receptores de electromagnetismo.

Según Ehud Ahissar, profesor del Departamento de Ciencias del Cerebro en el Instituto de Ciencias Weizmann de Rehovot (Israel), nuestro cerebro puede interpretar las señales como si de un receptor de radio FM se tratase.

Los circuitos de nuestro cerebro captan las emisiones de nuestros sentidos de forma muy similar a como la hace un receptor de radio o un teléfono móvil. Nuestro cerebro monitorea constantemente las frecuencias de vibraciones cambiantes de las neuronas.

Las neuronas como en un receptor de radio interpretan los cambios de frecuencias de vibración, a partir de los cuales perciben los mensajes (sonidos, textura, etc.). Por ejemplo, las yemas de nuestros dedos poseen dos tipos de receptores:

  • Uno que envía impulsos eléctricos (más materia que energía) al cerebro. (b)
  • El otro funciona emitiendo una señal electromagnética similar a la de un sistema de FM. (a)
  • Estas dos señales juntas y simultáneas se codifican en una onda de radio (c) que al ser descodificada por nuestro cerebro nos proporciona la imagen completa.

Los transmisores de radios comerciales de FM envían una onda de radio portadora (a) en la frecuencia de su canal (que podemos ver en el dial), mientras que el contenido y la información en forma de imágenes, canciones, etc. se codifica como una señal de audio o vídeo (b).

En nuestro cerebro la frecuencia vibracional natural se puede comparar con la frecuencia de la emisora de FM u onda portadora (a), mientras que la información (flujos de señal de entrada al sistema en forma de sonidos, imágenes, etc. perceptibles a través de nuestros sentidos) se codifica como una señal de audio (b).

La energía electromagnética o magnetismo personal implica ondas de diferentes rangos de frecuencias en función de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos. Los verdaderos sentimientos de positividad que trascienden las bajas vibraciones de emociones negativas automatizadas son los que posibilitan el fenómeno de resonancia característico de las ondas portadoras, capaces de viajar a través de todo el universo, a través de todo nuestro cuerpo, sin ser afectadas ante cualquier tipo de interferencias que les puedan aparecer en el trayecto.

Las emociones y los sentimientos son parte de una energía electromagnética dentro de cada uno de nosotros, constituyen vibraciones que se propagan y contagian generando y atrayendo como recompensa energías del mismo signo que manifiestan la realidad de nuestras vidas.

Estos procesos de vibraciones electromagnéticas o magnetismo humano originado en nuestra fuente interna son procesos sistémicos complejos, los cuales estamos empezando a aprender, comprender, valorar y mejorar.

 

Joan Egea Barber.


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